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Viajar solo en grupo: cómo superar el miedo a no encajar

Desde que Lupe y yo nos conocimos, allá por 2007, hemos viajado mucho, pero solo dos veces lo hemos hecho con grupos organizados. En ambos casos íbamos en pareja, así que técnicamente no viajábamos solos, pero no conocíamos a nadie más del grupo y recuerdo esa mezcla de ilusión e incertidumbre antes de llegar: ¿encajaremos? ¿Seremos los más jóvenes? ¿Habrá buen rollo? Al final, las dos experiencias fueron estupendas. Pero entiendo perfectamente que alguien que se plantea dar el paso sin pareja ni amigos lo pase bastante peor que nosotros. De eso va este artículo.

viajar solo en grupo

El miedo a no encajar: más común de lo que crees

Hay una barrera que frena a mucha gente antes siquiera de buscar destinos o comparar precios: la sensación de que no va a encajar en el grupo. Es un miedo que adopta muchas formas. Unos temen ser los mayores del grupo, otros los más jóvenes. Hay quien se preocupa por no tener la forma física suficiente, quien cree que será el único/a que viaja solo o quien simplemente imagina un grupo ya formado donde todos se conocen.

Lo curioso es que casi todo el mundo que se apunta a un viaje en grupo por primera vez llega con alguna versión de ese mismo miedo. No es la excepción, es la norma. Agencias especializadas como Desafío Zero, enfocadas en organizar experiencias para viajar solo en grupo, señalan que esta es, con diferencia, la principal barrera entre quienes se interesan por sus propuestas pero no terminan de dar el paso.

Y tiene sentido. Exponerse a convivir varios días con desconocidos, sin la red de seguridad de un amigo o una pareja, activa todas las alarmas sociales. Las dudas más habituales suelen girar alrededor de lo mismo:

  • La edad. «Voy a ser el mayor» o «voy a ser la más joven». En la práctica, la mayoría de grupos organizados reúnen perfiles variados, y la diversidad de edades suele sumar más que restar.
  • La forma física. Muchos imaginan que el resto del grupo estará más preparado. Pero los viajes en grupo no suelen ser expediciones deportivas, y las agencias serias informan del nivel real de exigencia antes de que reserves.
  • El carácter. «Soy introvertida, no soy la buen rollista del grupo». No hace falta serlo. En grupos reducidos, la convivencia se da de forma natural sin necesidad de forzar nada.
  • Ir solo de verdad. La idea de ser el único que no viene con alguien. En realidad, en este tipo de viajes la mayoría de participantes van solos. Ese es precisamente el punto.

Conviene separar lo que es un miedo comprensible de lo que es un motivo real para no ir. Porque en la mayoría de los casos, no lo es.

Qué puedes hacer para gestionar esa sensación

El miedo no desaparece solo porque alguien te diga que no tiene fundamento. Pero sí se puede reducir bastante con algo tan sencillo como informarse bien antes de reservar. La mayoría de las inseguridades nacen de imaginar escenarios sin datos reales (lo que en psicología se conoce como ansiedad anticipatoria) así que el primer paso es sustituir las suposiciones por información concreta.

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Investiga el perfil real del grupo. No todos los viajes en grupo son iguales. Algunos reúnen a 30 personas, otros a 8. Algunos tienen un perfil muy definido (aventureros, singles, mayores de 50) y otros mezclan edades y perfiles. Saber con quién vas a compartir la experiencia reduce mucho la incertidumbre. Busca reseñas, testimonios y fotos de ediciones anteriores: te darán una imagen bastante fiel de quién se apunta realmente.

Habla con la organización antes de pagar. Una buena agencia de viajes en grupo no debería tener problema en resolver tus dudas por teléfono o por email antes de que reserves. Pregunta lo que necesites: nivel físico, rango de edades habitual, porcentaje de gente que viaja sola, ritmo de las jornadas. Si no te responden con claridad o te dan largas, probablemente no sea el viaje adecuado.

Elige grupos reducidos. En un grupo de 8-12 personas es mucho más fácil integrarse que en uno de 30. Las dinámicas son más naturales, las conversaciones surgen sin forzar y es prácticamente imposible quedar aislado. Además, los coordinadores pueden prestar atención real a cada participante.

Asume que todos llegan con sus propios miedos. Esto es quizá lo más útil de interiorizar. La persona que ves tan suelta el primer día probablemente estuvo tan nerviosa como tú la noche anterior. Los grupos en los que nadie se conoce tienen una ventaja enorme: todos parten del mismo punto, y eso genera una complicidad inicial que en otros contextos sociales cuesta mucho más conseguir.

Por último, un consejo práctico: no esperes a sentirte preparado para apuntarte. Esa seguridad total no llega nunca. Lo que ocurre en realidad es que estás cómodo/a en tu famosa zona de confort y salir de ella siempre genera resistencia. Pero la confianza no aparece antes de actuar, sino después: cuando ya estás allí y te das cuenta de que el grupo no era ese escenario hostil que habías montado en tu cabeza, sino un puñado de gente con las mismas ganas y los mismos nervios que tú.

Pruden Rodríguez - Los apuntes del viajero

Pruden Rodríguez

Autor de Los apuntes del viajero

Barcelona (1982). Dejé a medias la carrera de Sociología (UAB) para formarme como guionista de cine. Después di muchas vueltas hasta asentarme como creador de contenidos en Los apuntes del viajero (desde 2008). Escribo relatos de ciencia ficción, estudio Geografía e Historia (UNED) y viajo tanto como puedo con Lupe y el pequeño Ares. Puedes saber más en quiénes somos o en mi perfil de escritor.